Pupina nació hace 14 años, cuando preparaba el primer cumpleaños de mi hija. Para ese día especial decidí tejer pequeñas muñecas como souvenirs para los invitados.
Lo que empezó como un gesto simple tuvo un impacto inesperado: las mamás y la familia quedaron encantadas con las muñecas y comenzaron a pedirme que hiciera más para regalar o para sus propios hijos.
En ese momento yo trabajaba como economista en un importante banco de la ciudad de Buenos Aires. Poco a poco las muñecas comenzaron a ocupar cada vez más espacio en mi tiempo y en mi corazón, hasta que llegó el momento de enfrentar una decisión.
Por un lado estaba este proyecto que nacía del tejido y la creatividad. Por otro, mi trabajo en el banco, que representaba seguridad en un país tan inestable como Argentina.
Durante algunos años elegí seguir el camino más seguro, dedicándome a mi trabajo y a criar a mis hijos, dejando en pausa esta pasión por el tejido y la costura que mis abuelas, Sara y Elvira, me habían transmitido desde que era muy pequeña.
Años después, en 2023, decidimos junto a mi esposo Juan Pablo y nuestros tres hijos —de 11, 18 y 20 años— mudarnos a Torino, Italia, para comenzar una nueva etapa.
Lejos de Argentina, de nuestra casa y de nuestra familia, atravesé un momento de replanteo personal. Ya sin mi trabajo en el sector bancario y con más tiempo para pensar, sentí la necesidad de reinventarme y volver a aquello que siempre me había conectado con algo profundo: el tejido, las muñecas y el mundo de la infancia.
Así decidí retomar esta pasión que me une a mis abuelas, a los niños y a los orígenes del juego libre y sano, ese que hoy parece perderse entre tantas pantallas.
Para hacerlo realidad en un país nuevo, con otro idioma y otra cultura, busqué apoyo y lo encontré en un programa del gobierno de la Región de Piemonte, que me exigía desarrollar un plan de negocios muy exhaustivo junto a asesores de distintas especialidades.
Como economista, armé un plan muy detallado para Pupina que fue aprobado por la Región de Piemonte y que me abrió muchas puertas en Italia.
Paralelamente inicié todo el proceso de registro de marca y certificación de seguridad de las muñecas en Europa, un camino que llevó varios meses de trabajo y preparación.
Con el plan aprobado y las muñecas certificadas, estábamos listos para comenzar.
Y fue entonces cuando decidimos volver a Argentina, donde nos esperaban nuestra casa, nuestra familia y nuestras raíces.
Hoy Pupina nace nuevamente aquí.
Creamos estas muñecas porque creemos en el valor del juego libre, simple y lleno de imaginación. Creemos en juguetes que puedan acompañar a los niños durante años, que puedan abrazar, llevar a todas partes y convertir en parte de sus historias.
Cada muñeca Pupina está pensada para ser más que un juguete: una compañera de aventuras, de juego y de infancia.
Natalia
Pupina