Le regalé una Pupina a mi hija pensando que sería una muñeca más… pero desde ese día no se separan. Va con ella al parque, al auto, a dormir y hasta a la casa de los abuelos. Me emociona verla abrazarla como si fuera una amiga. Tiene algo especial: es suave, cálida y se nota que está hecha con amor. No es un juguete cualquiera, es su compañera de aventuras.
Mi hija se enamoró de su Pupina desde el primer momento. La abraza para dormir, la lleva al jardín y siempre quiere que esté con ella cuando salimos. Me encanta verla jugar así, inventando historias. Se siente como esos juguetes de antes, simples pero llenos de imaginación.
Compré una Pupina como regalo y fue un acierto total. Cuando la abrió, sus ojos se iluminaron y no quiso soltarla en todo el día. Es de esos regalos que se vuelven un recuerdo de la infancia. Hermosa, suave y hecha con muchísimo cuidado.
l "Compré una Pupina como regalo y fue un acierto total. Cuando la abrió, sus ojos se iluminaron y no quiso soltarla en todo el día. Es de esos regalos que se vuelven un recuerdo de la infancia. Hermosa, suave y hecha con muchísimo cuidado.
